Alguien
se dejó un corazón colgando
de la
cornisa de la cama
y hoy,
al llegar,
me lo encontré llorando.
Que no
con los ojos de llorar, no.
Le he
pillado a moco tendido, que hasta me ha dado cosa mirar,
y él ni
se ha inmutado.
Menudo
disgusto.
Colgándole
jirones de cuerdita,
me
corona cabizbajo...
Y a mi, no me extraña, nada.
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