jueves, 7 de marzo de 2013

Oye, que frío.


El frío no es un elemento.
No es ni siquiera un fenómeno que se sucede,
sino el no sucederse de ese fenómenos al que llamamos calor.
No es sino su ausencia
Sino su carta, y su huella.

El frío no es un elemento.
Ni fenómeno como tal e independiente,
y así, no podemos percibirlo ni categorizarlo de manera objetiva.
Lo sentiremos de distintas maneras.
E intensidades.
Lo sentiremos relativo, y a distintos puntos, y en distintos tiempos.
Pero aun diferente, lo sentiremos.
Pues no es sino su carta y su huella.

Andar contra el viento,
que te arranca del dorso de las sensibles orejillas
hasta la última pizca de calor, y
desde sus esquinas hasta tu nuca,
se viaja el frío a toda velocidad.

El agua que se cuela dentro sin permiso en tus zapatos,
y como si de electricidad se tratase,
se encarga de enviar todos esos impulsos
en direccion perpendicular al suelo
haciendo temblequear tus músculos, contrayéndose arítmicos.
Desde las plantas hasta tus muslos,
profundo se viaja el frío sin prisa.
 

Una piel contra la fría pared.
Un pecho encorvado.
Las puntas de los dedos que se despiden, y se mueren, por un rato.
El aire congelado en la garganta.

Los pies entre las sabanas como los cubos de una copa.
El dorso de los brazos.
La ropa mojada, del hielo que se rompe.
Las tripas encogidas.

El traqueteo de los dientes.
Las ventanas vestidas de vaho.
Y el vaho que seduce la tiritona.
La tiritona que te invade la viva piel.

Que frío.

A pesar de la buena temperatura de haber arreglado ya los radiadores.

Cuando no estás,
oye,
¡Que frío!.


"Cuando el extremo de tu cama..
Se acorte y llegue la noche
Tus pies notarán mi frío
Y entraré por tu ventana..
Con forma de sueños rotos
Agrietaré tus sábanas
Y como no habrá luz
Tú no sabrás lo que pasa.."

Fran Fernandez - Mi frio

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